El panorama era muy claro en el primer single: Juan Mónaco es superior a Philipp Petzchner en polvo de ladrillo. Desde ese concepto, Juan hizo lo que debía y ganó su partido. La yapa es que lo hizo como él estaba convencido que podía. Marcó claras diferencias de entrada y se sacudió los nervios de un punto con mucha responsabilidad. Fue consistente, intenso desde lo físico y lúcido para no atolondrarse detrás de un triunfo que siempre estuvo al alcance de la mano. Su imagen, segura y confiada, puede ser un tranquilizante del cual tomarse si es que la serie no se cierra hoy.
La historia entre David Nalbandian y Florian Mayer se anunciaba distinta. Y así fue. Cambiante, como si hubieran sido varios partidos en el mismo resultado.
De todo a nada anduvo Mayer hasta el cuarto set. De nada a todo, así esperó David su momento para llegar con ventaja al tiempo en que el nivel de ambos coincidió. Y en ese terreno, el cordobés estableció la pauta con el instinto competitivo que lo ha convertido, desde hace varias temporadas, en uno de los jugadores más respetado y temido por sus colegas en el circuito profesional.
Para el cierre queda la misma pregunta que se hace cuando un equipo tiene ventaja de 2-0: ¿podrán los alemanes jugar el dobles convencidos de que pueden ganar tres puntos? La respuesta? en unas pocas horas.